En el 50 aniversario del fatídico accidente de Berlín que marcó la historia del Manchester los dados no permitieron que el Chelsea estropeara la fiesta
Esta tenía que ser la temporada del United, un homenaje a los fallecidos en aquel avión que no quiso despegar en Berlín, y el Chelsea sólo ha sido el convidado de piedra, tanto en la Premier, donde remo para morir en la orilla, como en la Champions League.
Los lanzamientos desde el punto fatídico dictaron sentencia. Ronaldo falló el suyo y, cuando todo parecía decidido, Terry resbaló para igualar y Anelka dejó que Van der Sar le quitara la gloria.
En la primera parte solo apareció un equipo sobre el campo, los Reds, que dieron un baño a un Chelsea rocoso y antiguo, demasiado estático para el fútbol moderno que gusta a sir Alex. Sin embargo, y tras el gol de Cristiano Ronaldo que encarrilaba la eliminatoria, aparecieron Lampard y una carambola para igualar la contienda sobre la bocina.
En el descanso la arenga de Avram Grant, el desconocido entrenador israelí, hizo efecto sobre los suyos, que subiendo la línea de presión y apoyados en el 4-5-1 maniataron al Manchester y ahogaron a su estrella, Ronaldo (Aún tuvo tiempo de hacerle una bicicleta a Essien que dejó al francés como una abuela con artrosis).
Pero la presión azul y el trabajo que realiza Didier Droggba como único delantero hacen que éste pierda frescura y velocidad, por lo que no pudo rematar el trabajo de sus compañeros arriba. De neutralizar el único lanzamiento bueno del africano y otra magnífica oportunidad de Lampard se encargaron los ocho jugadores que el Manchester alineó en esta final y que no aparecieron en el acta arbitral, desviando ambos balones a la madera de un Van der Sar que no las olió hasta el último lanzamiento desde la tanda de penaltís.
A estas alturas Ferguson pareció tenerlo claro, colocó a su equipo con el mismo esquema que el rival, dejando a Tevez como único delantero. Así los diez últimos minutos del partido y la prorroga fueron más bien anodinos, con Droggba expulsado por una caricia sin importancia.