
Cuando sobre alguien, aunque sea por mero accidente como en mi caso, recae la
responsabilidad de realizar una alineación solo hay
algo que ha de tener
seguro: la mayoría de
la gente discrepará, e
incluso algunas personas desarrollarán una cierta
enemistad hacia él.
Y esto sucede desde
el equipo de la facultad de Filosofía y Letras hasta el todopoderoso club de la Premier, sin distinción de presupuestos, dedicación, raza o condición. Y
el porqué es tan evidente como falso:
todos y cada uno
creemos en nuestro fuero interno
que sabemos más de fútbol que el resto de los mortales, incluídos los entrenadores más renombrados o el seleccionador nacional de turno (en este caso con razón).
Pero, ¿nos hemos parado a pensar
cuál es la función real de un entrenador profesional?, o ¿por qué un equipo juega
una temporada magnificamente y
a la siguiente, con la misma plantilla y entrenador,
desciende a segunda división?. Es decir, ¿los entrenadores han de realizar sólo su
función específica (entrenamientos tácticos, estrategia y alineaciones) ó han de ser también
secretarios técnicos, preparadores físicos y psicólogos?.
Porque la
alineación que presenta un equipo cada domingo
depende, fundamentalmente,
de estas otras funciones, parece evidente que el entrenador trabaja con los jugadores de los que el club dispone y éstos han de estar tanto en
buena condición física como psicológica.
En este punto es donde aparecen los
dos modelos que siguen los grandes clubes y que pretenden imitar los pequeños. En el primer modelo, el
entrenador es la cabeza visible, responsable y supervisor de toda la parcela deportiva (Rafa Benítez en el Liverpol), es quien ficha, decide quién es el preparador físico y realiza las alineaciones. En el segundo (Real Madrid, por ejemplo), se
diversifican las funciones: así
el míster entrena a los jugadores que el secretario técnico ficha, y es éste el que tiene las riendas de la parcela deportiva.
Los dos modelos tienen sus pros y sus contras, aunque para mí es claro que el primero es magnífico cuando las cosas van bien, aunque exige paciencia y confianza en la persona a la que se designa entrenador y se la da plenos poderes, mientras que
el segundo está pensado para que el entrenador sea una figura de paso, que haga jugar al equipo al dictado de su superior (a veces entrenador frustrado o acabado) y con el que terminará enfrentandose por los jugadores que no vinieron o por la falta de confianza en los que sí que lo hicieron.
Y aquí es donde quería llegar,
tanto en el primer modelo (con el entrenador en la cabeza de la pirámide jerárquica de un equipo)
como en el segundo (en un lugar intermedio, como el limbo ese que ahora no existe ¿o era el purgatorio?)
el entrenador es la figura aislada, la parte débil de la soga. Y como tal, es siempre el primer despedido.
Aunque dicho todo esto, entrenadores buenos de verdad, quedábamos dos y uno falleció hace poco (RIP).
cuanta razón, aunque muchas veces uno no sabe a que ton vienen ciertas cosas, sino sólo hay que mirar el carrusel de Mendilíbar, que no sabemos con que nos va a sorprender cada domingo.