Lo que marca
la tradición, según dicen sus “seguidores de pro”, es que
en el Atletic sólo han de jugar muchachotes vascos.

Claro que a mí tanto me da,
es como si un equipo solo quisiera tener zurdos en sus filas, o únicamente futbolistas con el tendón rotuliano de su rodilla derecha operado o individuos con un ojo de cada color (esto sería un tanto inquietante, pero igualmente
ridículo y admisible).
A mí lo que realmente me molesta es el cinismo recalcitrante y la hipocresía contumaz, el que a uno le tomen por tonto y encima se regodeen. ¿Porque, a ver, que es lo que se considera “jugadores vascos”?.
No puede ser los nacidos en las tres provincias que forman el País Vasco, ya que Urzaiz, Orbaiz y Gurpegui, entre otros, son navarros, y Lizarazu es francés, así que parece que se trata de los nacidos en el territorio reivindicado por el nacionalismo independentista. Claro que esto excluiría a los riojanos Ezquerro, Llorente y Aranzubía y al cantabro Mario Bermejo, por ejemplo. Total, que no me aclaro, porque, para liar más la madeja, hace pocas fechas debutó con el primer equipo un chaval de raza negra, formado en Lezama, pero que vive en Bilbao “de toda la vida”.
Y luego está lo de la tradición, pero ¿qué tradición?. El Atlétic de Bilbao fue uno de los primeros club en tener extranjeros, por supuesto ingleses, como MacLean, Evans, Langford, Davies, Cockram, Mills, Dyer, Gram, Burns, Smith, Sloop, Martins o Veith, en sus filas, pero lo de la memoria histórica parece que está mal visto en algunas zonas de este país.
Es decir, y para ser realmente claros, la política, y esta vez si que es política de lo que hablo, del Atlétic de Bilbao es una política deportiva claramente afín a las tesis del nacionalismo independentista vasco, ligeramente trufada de oportunismo (si un chaval la pega bien, es de Zamora y quiere jugar en el Atlétic seguro que tiene algún abuelo que se sentía vasco de pura cepa, a pesar de ser natural de Tarazona de Guareña (es un decir).
Y es esta política, xenófoba, y repugnante, como todos los nacionalismos, la que anima los fichajes de este equipo y la que hizo que Lizarazu, vasco pero francés, diese la espantada y fuese, por ello, amenazado de muerte. Y la que hace que, hasta este domingo, nunca se hubiese guardado en San Mamés un minuto de silencio por una víctima del terrorismo, aunque llamar minuto a 17 segundos y llamar silencio a lo ocurrido es tan hipócrita y cobarde como lo son todos aquellos que aplauden a su equipo y miran para otro lado mientras asesinan a su vecino porque “esa no es su guerra”, porque los nacionalistas “moderados” condenan los asesinatos, pero volviendo la cara, poniendo una vela a Dios (¡cuanto saben de esto algunos jesuitas!) y otra al diablo.
Preguntas indirectas
1. ¿Si uno no escoge su color ni su lugar de nacimiento, como puede odiar a otro por ser de otra raza o país?
2. ¿No será miedo?